Danza en Círculo y Paz

La paz es una palabra que usamos a diario, pero contiene muchas capas de significado.

Cuando hablamos de paz en el mundo, normalmente nos referimos a la ausencia de violencia o guerra. Sin embargo, una paz duradera es mucho más que la ausencia de conflicto. Implica justicia, equidad y una sociedad en la que adultos y niños se sientan seguros, cuidados y capaces de cuidar unos de otros. Sin ese sentido de consideración mutua, tarde o temprano surge la inquietud.

La paz, entonces, es relacional.

También existe la paz interior. Algunas personas, poco comunes, parecen capaces de permanecer serenas y estables incluso en la adversidad. La mayoría de nosotros reaccionamos con ansiedad mientras atravesamos los inevitables altibajos de la vida. Podemos preguntarnos: ¿están conectadas la paz interior y la paz exterior?

Una sociedad pacífica no puede construirse solo mediante políticas. Se construye a través de los sistemas nerviosos humanos. A través de personas que no viven constantemente en estado de amenaza. A través de individuos capaces de regular sus emociones, tolerar las diferencias y permanecer presentes en la relación con los demás, incluso cuando existe desacuerdo.

La paz exterior depende, al menos en parte, de la estabilidad interior.

Aquí es donde la danza en círculo se convierte en algo más que una actividad recreativa.

En un círculo no hay delante ni detrás. No hay jerarquía. La propia estructura comunica igualdad. Cada persona es sostenida por el grupo y, al mismo tiempo, responsable ante él. La danza invita a escuchar, ajustarse y compartir un mismo ritmo.

El ritmo regula el sistema nervioso. La repetición crea seguridad. Moverse juntos genera sincronía. La neurociencia llama a esto co-regulación: la manera en que los seres humanos nos calmamos y organizamos mutuamente a través de la presencia compartida. Las culturas tradicionales conocen esto desde hace mucho tiempo a través de la danza comunitaria.

Cuando las personas se mueven juntas de esta manera, la ansiedad se suaviza. El aislamiento disminuye. Surge una sensación profunda de pertenencia. La danza en círculo no elimina el conflicto, pero cultiva las cualidades sin las cuales la paz no puede sostenerse: conexión, conciencia mutua y atención encarnada.

La paz interior y la paz exterior no son proyectos separados. Se reflejan mutuamente. Una persona regulada y conectada contribuye de otra manera a su familia y a su comunidad. Y una comunidad conectada transforma, a su vez, a las personas que la forman.

En un mundo fragmentado, permanecer en un círculo y moverse juntos puede ser un acto silenciosamente radical. La paz no solo se negocia.

También se practica.

Y a veces, se baila.

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Stefan Freedman

28.2.26

 

 

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